
Cuidar de un paciente mental no es tarea fácil. Muchas madres que criamos nuestros hijos solas queremos superarnos. Y no pensando en los lujos materiales de los cuales los podamos llenar. Nos vemos en un laberinto que no tiene principio ni salida. Nos encontramos a veces con situaciones donde lo más simple se convierte en un caos. Poniendo mi situación de ejemplo, no es fácil encontrar centros de cuido para una adolescente de 17 años diagnosticada con esquizofrenia desde los 13. Cosas tan simples como ir a la universidad, al supermercado o alguna cita se convierten en un calvario. Yo no puedo decir “vengo ahora, quédate con fulana” o “si vas a salir con tus amigas me avisas donde estas” La vida normal de un adolescente se va en hablar y salir con sus amistades, compartir, llevar una vida social. La vida de una adolescente con esquizofrenia se va encerrada en su casa, medicándose y preguntándose por que la gente no la entiende y la ven como un ser raro. Ante la ignorancia o falta de información toman una actitud a la defensiva y ofensiva. Se les trata de locos o seres irracionales. Se les estigmatiza y se les pone el sello de peligrosos, violentos e incurables.
La violencia no es un síntoma de la esquizofrenia y no es común entre las personas que sufren de este trastorno. Por otro lado los pacientes de esta condición tienen más posibilidades de ser víctimas de violencia. Cuando ocurre un acto de violencia es porque la persona se siente acorralada o no entiende las intenciones de la otra persona. Mucho más daño hace el rechazo de la sociedad, la incomprensión, la falta de compasión ante estos seres que por una causa u otra decidieron escapar a la realidad. ¿Y quién no desea escapar, con todo lo que a esta humanidad le toca vivir? Oímos constantemente de violencia contra la mujer, los hijos, todos contra todos. Y de todas estas personas que atentan contra la paz y la vida, ¿cuántos son declarados pacientes mentales? ¿Qué se puede deducir, que toda persona que tiene un comportamiento irracional tiene un trastorno mental? Los tiroteos entre gangas ¿qué son? Matar una mujer porque ya no lo ama, ¿qué es? Que un niño sea violado o maltratado por la persona que se supone cuide de él, ¿qué nombre le ponemos? ¿No son comportamientos irracionales? ¿No es irracional enviar seres humanos a una guerra que parece no tener fin? Pero, ¿quién se atreve decirle loco y declarar incapacitado a un dirigente de una nación?
Si a esta sociedad la arropa la violencia cada día más entonces si encontraremos a una población trastornada, escapando de esta realidad. Cerramos las válvulas de escape que la gente nos impone por que tal o cual cosa se ve tan mal. Enseñamos a nuestros hijos compostura ¿Cuántos de nosotros a veces queremos sacarnos un grito, un coño o un carajo en público? Pero la sociedad ve con malos ojos esto. ¿Cuantos deseamos reír a carcajadas y mearnos de la risa ante una situación divertida y nos aguantamos? Por que hay que guardar la compostura. “Déjate de loqueras y compórtate” “No seas ridículo”.
Lo que pretendo decir es que las personas con trastornos mentales no son malas ni peligrosas. Simplemente carecen de tratamientos y personal adecuado que trabajen en conjunto para ayudar a ese ser humano a reintegrarse a la sociedad. Los servicios existen, los profesionales que pueden intervenir también. Pero algo pasa que la ayuda se pierde en el camino. No nos llega o se hace inaccesible. ¿Quiénes se benefician de los servicios de salud? Los amigos de “Los Presidentes Muertos”. O sea, los que tienen “billete”.
Por esto, cuidar de un paciente mental se nos hace cuesta arriba. Es necesario un cambio social en el que no se le ponga precio a la salud y a la estabilidad emocional del individuo y de quienes lo rodean. Hay que comenzar por la casa. Tomen nota los políticos, no se conviertan en “los bisiestos” dejándose ver cada 4 años a la caza de votos y promesas de campaña que se las lleva el viento.
Y en lo que la ayuda llega quiero compartir mi experiencia como cuidadora. Que se sepa que tener un familiar con una condición mental no es motivo de vergüenza ni es un castigo de Dios. Y no hay porque ocultar que somos humanos que sentimos y padecemos, pero que tenemos que salir adelante no solo por los tuyos sino por alguien muy importante: por ti.